Estos últimos siete años estuvimos acostumbrados a escuchar el sermón oficialista de crecimiento de la economía, distribución de las riquezas, justicia social y la no represión.
Pero por más que a una burra se la vista con animal print y se le pinten los labios, seguirá viéndose como una burra.
Con lo acontecido en Soldati quedó evidenciado que en el país existe desidia, abandono y desamparo del Estado a toda la sociedad y una próspera clase pobre.
Pese a tantos puntos de superávit fiscal, el Estado resulta ser inoperante para mejorar la situación de muchos argentinos: no existen créditos hipotecarios accesibles, la inflación carcome los salarios y al menos el 45% del país trabaja en negro.
Pero esa inoperancia es intencional y funcional, ya que más gente pobre garantiza más votos. Esto explica el porqué de permitir el ingreso al país de bolivianos y facilitar su documentación. El Gobierno tampoco toma acciones contundentes para urbanizar las villas y asentamientos de emergencia, y promueve a aquellos punteros ultra K que toman espacios públicos, empecinados en demostrar que ellos tienen derecho a infringir la ley.
Asimismo no hay que olvidar las sospechas en torno a crear nuevas villas para darle hogar al narcotráfico en un proceso de ‘’favelización’’.

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