En estos días reflota el nombre de Ricardo Jaime luego de que se incautaran más de 20 mil mails con lujo de detalle sobre el pedido y recibimiento de coimas en torno a la adquisición de trenes a España, por más de 1000 millones.
Esta es sólo una suspicacia más en torno al ex secretario de transporte. También se lo investiga por: la adquisición de un jet privado por 4 millones (un valor cuarenta veces su sueldo de funcionario), la adquisición de un yate y de un departamento en Florianópolis y el alquiler de un suntuoso departamento en avenida del Libertador, cuyo costo era financiado por un empresario transportista a cambio de que no se controlara los deplorables servicios.
Todo el lujo de este personaje que vivía a lo grande era costeado por cortesía involuntaria de los contribuyentes argentinos, en una infamia que nos recuerda a la de otros personajes como María Julia Alzogaray.
La fabulosa profecía de trochas reconstruidas con flamantes trenes funcionando nunca se cumplió, pero la de Jaimito tras las rejas no parece muy lejana y aunque ahora no puede ostentar su lujoso Jet, si puede ostentar los delitos por los que se lo imputa: Enriquecimiento ilícito, administración fraudulenta, cohecho y dádivas.
Si bien Néstor Kirchner no está más entre los mortales, es importante recordar que fue él quien lo hizo crecer a Jaimito y ambos gozaban de un nivel de confianza altísimo, al punto que Jaime, desde su cargo de secretario, nunca tuvo que pedir permiso al Ministro De Vido para hablar con el ex presidente. Sin duda entre peón y patrón había una retroalimentación en las cuestiones de construcción de poder y dinero.
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